
Guía para identificar el trastorno del procesamiento sensorial
Comprendiendo las señales: Hiper e hiposensibilidad
El Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS), a veces llamado disfunción de la integración sensorial, es una condición neurológica que dificulta el procesamiento de la información recibida a través de los sentidos. El cerebro interpreta mal la información sensorial cotidiana, como el tacto, el sonido y el movimiento. Esto puede provocar reacciones conductuales que parecen desproporcionadas. Las manifestaciones del TPS se suelen dividir en tres categorías principales: hipersensibilidad, hiposensibilidad y búsqueda sensorial.
Hipersensibilidad (sobrerrespuesta sensorial)
Las personas hipersensibles, o "evitadoras sensoriales", reaccionan de forma exagerada a los estímulos. Su sistema nervioso se siente bombardeado por información que otros apenas notan. Esto puede manifestarse de varias maneras según el sentido afectado:
- Tacto: Rechazo a ciertas texturas de ropa (etiquetas, costuras), alimentos (purés, trozos), o a ser tocado inesperadamente. Pueden quejarse de que los abrazos son demasiado fuertes o que el pelo o la cara mojados les resultan insoportables.
- Oído: Angustia extrema ante ruidos fuertes y repentinos (aspiradoras, licuadoras, secadores de manos en baños públicos). Pueden taparse los oídos en lugares concurridos como centros comerciales o fiestas de cumpleaños.
- Vista: Molestia por luces brillantes o fluorescentes. Pueden entrecerrar los ojos con frecuencia o sentirse abrumados en entornos visualmente cargados, como un supermercado.
- Olfato y gusto: Reacciones fuertes a olores que otros no perciben. Pueden ser comedores muy selectivos, rechazando alimentos por su olor o sabor intenso.
- Vestibular (movimiento): Miedo a las alturas, a los columpios o a cualquier actividad que implique tener los pies despegados del suelo. Pueden sentir mareos con facilidad.
Hiposensibilidad (baja respuesta sensorial)
En el otro extremo del espectro, las personas hiposensibles, o con "bajo registro", necesitan un estímulo mucho más intenso para que su sistema nervioso lo registre. A menudo parecen distraídos, indiferentes o incluso perezosos.
- Tacto: Pueden tener una alta tolerancia al dolor, no darse cuenta de heridas menores, o no notar que tienen la cara o las manos sucias. Disfrutan de abrazos muy fuertes o de ropa ajustada.
- Propiocepción (conciencia corporal): A menudo son torpes, chocan con objetos o personas, y tienen dificultades para medir su propia fuerza (pueden romper juguetes o abrazar demasiado fuerte sin querer).
- Vestibular: Pueden no marearse nunca, incluso después de dar muchas vueltas. Parecen tener un equilibrio deficiente.
Búsqueda sensorial (craving)
A menudo considerada una forma de hiposensibilidad, la búsqueda sensorial describe la necesidad activa y constante de estímulos intensos. Estos individuos son los "buscadores sensoriales".
- Buscan movimiento constante: les encanta girar, saltar, columpiarse y trepar.
- Disfrutan de los juegos bruscos, chocar contra cojines o personas.
- Muerden o chupan objetos no comestibles (el cuello de la camisa, lápices).
- Prefieren alimentos con sabores muy intensos (picantes, ácidos, muy salados).
- Hacen ruidos constantemente, escuchan música a un volumen muy alto.
Pasos prácticos para la observación en casa y en la escuela
Identificar patrones es clave. Un comportamiento aislado no indica un trastorno, pero si las reacciones sensoriales interfieren consistentemente con la vida diaria, es hora de observar más de cerca. Se recomienda llevar un diario sensorial durante un par de semanas.
Anote lo siguiente:
- El desencadenante (input sensorial): ¿Qué estaba sucediendo justo antes de la reacción? Ejemplo: "Fuimos al parque y se acercó a la zona de arena".
- El comportamiento (output): ¿Cuál fue la reacción exacta? Ejemplo: "Comenzó a llorar, se puso rígido y se negó a tocar la arena".
- El entorno: ¿Dónde y cuándo ocurrió? La hora del día, el nivel de ruido, la cantidad de gente, etc. Ejemplo: "Eran las 5 de la tarde, el parque estaba lleno de niños gritando".
- La duración e intensidad: ¿Cuánto duró la reacción y qué tan intensa fue? Ejemplo: "El berrinche duró 10 minutos y fue muy difícil calmarlo".
Este diario no es una herramienta de diagnóstico, pero será increíblemente valioso cuando hable con profesionales, ya que proporciona datos concretos en lugar de anécdotas vagas.
El camino hacia un diagnóstico profesional
El autodiagnóstico o el diagnóstico basado en checklists de internet no es suficiente. El TPS comparte rasgos con otras condiciones como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero también puede presentarse de forma independiente. Por ello, la evaluación profesional es indispensable.
¿A qué profesional acudir?
El profesional más cualificado para diagnosticar y tratar el Trastorno del Procesamiento Sensorial es el terapeuta ocupacional (TO) con certificación en integración sensorial. El proceso suele comenzar con una derivación del pediatra o del psicólogo escolar.
Es crucial buscar un terapeuta ocupacional que tenga formación específica y experiencia en la evaluación de la integración sensorial. No todos los TO están especializados en esta área.
¿Qué esperar durante la evaluación?
Una evaluación completa es un proceso multifacético que va más allá de un simple cuestionario. Generalmente incluye:
- Entrevista con los padres o cuidadores: El terapeuta le hará preguntas detalladas sobre el historial de desarrollo del niño, sus rutinas diarias y los comportamientos que ha observado (su diario sensorial será muy útil aquí).
- Evaluaciones estandarizadas: Se utilizan pruebas como el Perfil Sensorial 2 (Sensory Profile 2) para recopilar información estructurada de los padres y maestros.
- Observación clínica estructurada: Esta es la parte más importante. El terapeuta observará al niño en una sala de terapia equipada con columpios, texturas variadas, pelotas y otros materiales sensoriales. El TO evaluará las reacciones del niño a diferentes estímulos, su planificación motora (praxis), equilibrio, tono muscular y coordinación. No es solo juego libre; el terapeuta guía las actividades para evaluar respuestas específicas.
Basándose en la combinación de estas tres áreas, el terapeuta ocupacional podrá determinar si los desafíos del niño se deben a un TPS, describir su perfil sensorial específico (qué sentidos son hiper o hiposensibles) y desarrollar un plan de tratamiento individualizado, a menudo llamado "dieta sensorial", para ayudarle a regularse y participar mejor en sus actividades diarias.
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